
El tente que engañó al jaguar
Comunidad: Bella Vista
Etnia: Tuyuka
Relatado por: Ernesto Valle Trujillo
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En los tiempos antiguos existían dos clases de pavas: una negra y una roja. Los semidioses les otorgaron distintas cualidades, basadas en la existencia de dos tipos de palmas de la selva: aquellas que tienen espinas y aquellas que no. A la pava negra le fueron asignadas las palmas espinosas, como el corombolo y la pupuña (chontaduro), mientras que, a la pava roja, reconocida por tener la cabeza blanca, le correspondieron las palmas sin espinas. La pava roja es considerada sagrada y se distingue por su canto al amanecer, que suena “prrrrrrrrrrrrrr”. Esto es así porque antes todas las palmas como el inayá, el mirití, el ibacaba, el patabá y el pachuva tenían espinas. Pero con el tiempo, gracias al trabajo de la pava roja, las perdieron. Por esta razón, dichas palmas hoy le pertenecen a ella. Se cuenta que ambas pavas competían entre sí para demostrar cuál era más sabia y conocedora de rezos. En una ocasión, su padre decidió ponerlas a prueba para ver cuál tenía mayor conocimiento. Ambas solían madrugar a cantar, pero el día de la prueba, la pava negra se quedó dormida. Solo se levantó cuando el sol ya había salido, y su canto fue apenas un “cucucucucuuc”.
En su intento por eliminar las espinas de las palmas que le correspondían, raspaba con fuerza, pero al haber dormido demasiado, no tenía la energía suficiente. Si se hubiera despertado temprano, habría podido arrancar todas las espinas. Es por eso que hoy en día aún existen palmas espinosas: porque la pava negra no alcanzó a completar su tarea. Si, por ejemplo, hubiera logrado quitar las espinas del corombolo, hoy sería una palma suave, como el patabá. Junto a ellas también estaba el tente, un ser que surgió en una cachivera ubicada en Brasil. Su canto es tan fuerte que se asemeja al ronquido de un jaguar dormido. Se cuenta que una vez, una persona fue a la bocana a advertirle a los grandes felinos —tigres, jaguares, leones y leopardos— que había un ser que cantaba estruendosamente al atardecer, a la medianoche y en la madrugada, impidiendo el descanso de los humanos. Les dijo: “Vayan y cómanse a ese ser”. Así, según la tradición, se originó el chisme: hablar mal de otros para perjudicarlos.
Para comprender lo que ocurrió después, es necesario conocer la división del mundo en tres planos: el mundo de arriba, el del medio y el de abajo. El tente habitaba en el mundo subterráneo. El jaguar, que quería atraparlo, empezó a buscarlo desde el mundo del medio, moviéndose sigilosamente, pero al no encontrarlo, regresó. Al día siguiente, en la madrugada, el jaguar volvió a escuchar el canto del tente y emprendió otra búsqueda. Así lo hizo en varias ocasiones, guiado por el canto, que se intensificaba especialmente antes de la llegada del verano. Finalmente, logró llegar hasta el mundo inferior, donde habitaba el tente. Allí, encontró a varios de ellos cantando alrededor de un árbol curvo llamado palo de tente, un palo usado para curar fracturas. El jaguar intentó identificar al tente palpando los árboles. Alcanzó a tocarle una pata, pero pensó que era una rama de palma de yarumá. Reflexionó: “Si fuera el tente, tendría dos patas”. Volvió a palpar, pero al no estar seguro, lo confundió con otro palo, por sus hojas y formas. En su confusión, decidió irse. Cuando ya estaba a unos metros de distancia, el tente volvió a cantar. El jaguar regresó y tocó nuevamente lo que en realidad era la pata del tente, pegada fuertemente al árbol. Pero al no percibir que fuera un ser vivo, volvió a marcharse. Más adelante, el tente se encontró con una gallineta, y le contó a ella que su especie estaba en peligro de extinguirse. Al caer una gallineta, le explicó, el sonido de su muerte es tan leve que las demás no se percatan del peligro. En cambio, cuando cae un tente, suena como un rayo, y así los otros pueden advertir la amenaza.






