El tapir y el tintín

Comunidad: Bellavista
Etnia:
Relatado por: Samuel López Neira

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En el origen, el tapir era dueño del umarí, de todas las clases. Él había plantado un lugar grande donde cultivaba umarís. Pequeños, umarís amarillos, umaris negros y umaris verdes. El tapir tejió un yerao y así, apenas el umarí caía, pasaba directamente al yerao, que lo conducía hasta un canasto que él tenía el justo al lado de su casa. Muchos animales pretendían comer y robar. Al tintín se le ocurrió una idea: fabricó una cerbatana en la que encajaba perfectamente el umarí. A penas caían los frutos, al instante, el tintín lograba agarrar el umarí con la cerbatana, haciéndolo llegar, finalmente, a su propio canasto. El tintín, sólo de ver su canasto lleno de umarís, ya se encontraba muy contento.

Sin embargo, al ver que el umarí ya no llegaba tanto como antes a su canasto, el tapir se preguntó “¿Quién es que me está robando?”, entonces salió a mirar qué estaba sucediendo. Cuando el tapir vio la cerbatana junto al árbol de umarí y vio llegar al tintín, lo entendió todo. Al ver al tapir el tintín salió corriendo, y el tapir detrás, persiguiéndolo. Mientras corría por todo el terreno del tapir, el tintín iba encontrando umarís por todas partes, y se los iba comiendo. A medida que tiraba las pepas, a su vez, iba sembrando umarí por todos lados. Finalmente, corriendo, el tintín llegó hasta el río Caquetá y pasó saltando. El tapir, que estaba muy cansado, no pudo pasar por el río y sólo maldijo desde su lado al tintín. El tintín sembró toda clase de umarí en el suroriente del Caquetá. Este es el origen del color del tintín. Como al correr él mantenía la garganta llena de umarí, su pelaje quedó de este color, amarillo.

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