
Bariquebó
Comunidad: Bellavista
Etnia: Bará
Relatado por: Alfredo Barreto
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En los primeros tiempos del mundo existía un semidiós llamado Wariró, quien vivía en una gran casa con sus hijas, pues no tenía hijos varones. A pesar de su poder, Wariró no tenía alimentos: él y sus hijas sobrevivían comiendo frutas silvestres y el almidón de una semilla llamada wafé, pues en ese tiempo no existía la yuca para él, por lo que no tenía la posibilidad de consumirla. En otro lugar, en la mítica Laguna de leche, en Manaos, vivía el dios Bariquebó, dios de los alimentos, protector de la yuca, el plátano, el ñame y todo lo que se cultiva en la chagra. Allí se encontraba su morada sagrada: Bariquebowí, la casa de los alimentos. La historia comenzó con un conflicto familiar. Bariquebó tenía un hermano menor con el que cometió un grave error: fue infiel con su esposa. Este acto fue el origen de los males que afligen a la humanidad. La traición se descubrió porque, al ser el dueño de los alimentos —plátano, ñame y otros productos de la chagra— solo él podía repartir lo que se cosechaba. Al notarse la injusticia, fue golpeado y expulsado de la casa.
Su padre, furioso por lo sucedido, escondió todos los alimentos y dejó sufrir hambre a su hijo. No obstante, con el tiempo, recapacitó. Como todo padre que ama a sus hijos a pesar de sus errores, decidió perdonarlo y le entregó nuevamente los alimentos. Así, Bariquebó recibió de nuevo el don de cuidar la alimentación de los pueblos. Un día, Wariró se encontraba en su gran maloca, donde se comía lo mismo que los animales y sólo se obtenía el almidón de las frutas. Como los chismes viajan rápido, incluso entre comunidades distantes, Wariró se enteró de que Bariquebó pasaría cerca de su territorio. Entonces envió a una de sus hijas al puerto a esperarlo, con el encargo de invitarlo a su casa.
Al poco tiempo bajó por el río Bariquebó, con la forma de un pato salvaje, pequeño pero imponente. La hija le gritó: —¡Ey, uuu! ¿Usted es Bariquebó? El pato se volteó y la señorita le dijo: —Mi papá quiere hablar con usted. Bariquebó respondió curioso: —¿Y para qué me necesita? Aceptó la invitación y fue llevado a la casa de Wariró, quien aún no había regresado, pues había salido a buscar almidón de las pepas que comían los animales. Al volver, Wariró le ofreció lo poco que tenía y le dijo: —No tengo comida, por eso comemos esto... ¿quiere probar? Pero Bariquebó, orgulloso, le respondió: —Yo no como lo que comen los animales. Pasó el tiempo y Wariró decidió entregar a una de sus hijas a Bariquebó en matrimonio. Ese es el origen de que los padres siempre entreguen sus hijas a hombres que trabajan para poder tener comida a la casa. Coincidió con la temporada de hacer la chagra, así que Bariquebó preparó la chagra tumbando y limpiando, preparó las semillas de yuca y comenzó a limpiar el terreno. Bariquebó tenía las semillas de yuca en los pies y las rodillas. Llegó el verano para la quema: él mismo era la candela, y por eso quemó la chagra él mismo. Antes de quemarla, le advirtió a las hijas de Wariró que no debían mirar mientras él realizaba la quema, ya que su cuerpo se encendería con el fuego para bendecir la tierra y hacer germinar la yuca. En este relato se origina la creencia de que las mujeres son desobedientes… La curiosidad pudo más, y las hijas de Wariró espiaron el ritual. Justo cuando Bariquebó terminaba de quemar la chagra, vio que ellas lo observaban. Desde entonces, las chagras nunca se queman completamente: siempre quedan troncos sin arder alrededor, y por eso el trabajo de preparación es más difícil hoy en día. Después de sembrar, los alimentos comenzaron a brotar de inmediato, pues Bariquebó era el dueño de la fertilidad de la tierra. Así, le dijo a las muchachas: —Vamos a visitar la chagra, deben caminar detrás de mí, con cuidado. Las jóvenes desobedecieron nuevamente y corrieron emocionadas hacia la chagra con gran alegría al ver tanta comida. Pero una de ellas se tropezó con un tronco y cayó al suelo. Del golpe, se orinó y se defecó. De su orina y heces brotaron la maleza, incluyendo el guarumo, que desde entonces crece en las chagras. Así comenzó la necesidad de desyerbar, y con ello, el trabajo duro en la chagra. Si la joven hubiera obedecido y caminado con cuidado, hoy no existiría la maleza y la yuca crecería limpia y abundante sin esfuerzo. Cuando llegaron a la chagra, los tallos de yuca se movían como si la saludaran, diciendo: —¡Madre, madre! Era un saludo de bienvenida y alegría, pero por no haber obedecido, la chagra también trajo enfermedades, especialmente para las mujeres. Desde ese momento, se prohibió que las mujeres fueran a la chagra durante el período menstrual o cuando tuvieran malos sueños, ya que la energía negativa enfermaba a las plantas y a ellas mismas. Por esta razón los sabedores siempre dicen que las mujeres no deben ir a la chagra cuando sueñan mal. Mientras sucedía esto en la chagra, en la casa de Wariró apareció una canoa repleta de chicha fermentada que sonaba sauuu sauuu, pescado muqueado, almidón, fariña, casabe y abundantes productos de la chagra. A partir de ese momento comenzaría lo que todavía hoy nos está pasando: somos muy hambrientos y no hacemos caso. Antes, la yuca salía sin la cáscara, es decir, que no había necesidad de rasparla. Bariquebó les recomendó a las mujeres que no comieran ningún tipo de comida, que era mejor terminar de trabajar todo, guardarlo, y ahí sí comer; es decir: comer después de rayar, exprimir, colar y cocinar la manicuera. Terminado eso, sí podrían comer lo que había en la casa. Pero como ya se dijo, uno es muy hambriento al ver gran cantidad de comida en la casa. Cuando las mujeres llegaron a la casa, tiraron la yuca en un balay y comenzaron a comer. Mientras comían, a la yuca le apareció una cáscara fuerte. Al ver eso, las mujeres comenzaron a rasparla. Primero llamaron al primo pez cucha para que las ayudara a raspar la yuca con la boca. La cucha intentó e intentó raspar con ganas y esfuerzo, hasta que la boca se le torció y se volvió redonda y fea. Es por eso que la boca de la cucha tiene esa forma: por ayudar a raspar la yuca. Luego llamaron a otro primo, un gusano llamado caritu, que las ayudó a rayar la yuca. Pero de tanto rayar se le aplastó la nalga, por eso tiene la cola aplastada. Bariquebó estuvo donde el suegro mucho tiempo, luego fue bajando hasta llegar a San Gabriel (Brasil), y ahí se quedó. Por eso allá existe un tepuye llamado Wariru, en mención a Wariró y Bariquebó. Y por eso en esos lugares hay mucha producción y la tierra es fértil.






